Del Sáhara a Cuba y de Cuba a Ciudad Real: una conversación sobre lengua, identidad, exilio, memoria y pertenencia.
Hay conversaciones que empiezan hablando de palabras y terminan hablando de identidad. Con Mohamed ocurre exactamente eso. Saharaui, formado en Economía en Cuba y residente en Ciudad Real, su historia personal está atravesada por el hassanía y por un español que no siente como una lengua ajena, sino como una parte natural de su propia memoria. En esta conversación de Voces Hispanas recorremos el desierto, el Caribe y La Mancha para hablar de lo que significa vivir entre lenguas y, a veces, también entre lugares.
El español dentro del hassanía
Voces Hispanas: En tu día a día, ¿cómo conviven el hassanía y el español?
Mohamed: Muchas palabras están en español. El hassanía es una variedad del árabe, pero en nuestro caso existe una relación muy estrecha con el español. También influye el programa Vacaciones en Paz: muchos niños saharauis vienen a España durante el verano y, en casi todas las familias, hay alguien que tiene una relación directa con el idioma. En mi casa, por ejemplo, se habla muchísimo español; a veces incluso más que árabe. Muchas veces mezclamos los dos.
Voces Hispanas: ¿Qué palabras recuerdas que se utilizaban con total naturalidad?
Mohamed: Cocina, toalla, coche… Y también aparecen palabras como aceite, azúcar o almohada, aunque ahí pasa algo curioso: el propio español tiene muchas palabras de origen árabe. Al final, las lenguas también cuentan la historia de los pueblos que han estado en contacto.
Documentos, memoria y una historia escrita en español
Voces Hispanas: En muchas familias saharauis, la memoria de padres y abuelos está unida a documentos y experiencias vinculadas a España. ¿Cómo aparece esa relación en tu propia familia?
Mohamed: Mi partida de nacimiento está en español y los documentos de mis padres también. El Sáhara estuvo bajo administración española durante décadas y llegó a tener un régimen provincial; por eso mucha de la documentación se hacía en español. Nosotros venimos además de una sociedad beduina, en la que el Estado, como estructura administrativa, no existía de la misma forma que hoy. Después, con la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, la administración empezó a funcionar con dos lenguas: árabe y español. El español siguió estando muy presente, casi en paralelo al árabe.
Cuba: un español que ya sonaba conocido
Voces Hispanas: Después viajas a Cuba para estudiar Economía. ¿Cómo fue encontrarte con el español cubano?
Mohamed: Para nosotros no fue un choque tan grande porque muchos de los profesores que enseñaban en el Sáhara eran cubanos. Cuba tuvo una presencia importante en nuestra formación y muchos saharauis estudiaron allí. En cierto modo, cuando llegabas a Cuba ya conocías esa manera de hablar y esa musicalidad.
Voces Hispanas: ¿Estudiaste en La Habana?
Mohamed: No, estudié en Camagüey.
Voces Hispanas: ¿Conservaste el acento cubano?
Mohamed: No. Hay saharauis que estudiaron en Cuba y lo conservan, pero yo no. Tú vas cambiando. Yo pasé por el Sáhara, por los campamentos de refugiados, por Cuba y después por España. Al final vas incorporando cosas de todos esos lugares.
«Somos beduinos globales»: vivir siempre en tránsito

Voces Hispanas: Has dicho una frase muy potente: que el saharaui vive muchas veces en tránsito. ¿Qué significa eso para ti?
Mohamed: Es difícil de explicar. Nosotros tenemos raíces beduinas y, de alguna manera, seguimos siendo beduinos, pero beduinos globales. Vamos de un lugar a otro y eso influye en la cultura, en el bagaje, en la manera de hablar y también en la forma de entender la vida. Viviendo en España, por ejemplo, tampoco pensamos necesariamente que vamos a estar aquí toda la vida. Siempre existe la idea de volver algún día.
Mohamed: Y cuando vuelves al Sáhara después de muchos años, tampoco eres exactamente de allí. Los demás te ven diferente y tú también notas que has cambiado. En España tampoco terminas de sentir que eres completamente de aquí. Entonces vives con esa sensación de no pertenecer del todo a ningún sitio. Esa condición de tránsito está muy marcada por nuestra historia y por el propio conflicto.
Una anécdota: «Come sin vergüenza»
Voces Hispanas: ¿Recuerdas alguna confusión simpática con el español?
Mohamed: Sí. Una vez, en el Sáhara, un señor mayor que hablaba un poco de español recibió a unos invitados españoles y, queriendo decirles que comieran con confianza y sin sentirse cohibidos, les dijo: “Come sin vergüenza”. Para él significaba literalmente “no tengas vergüenza de comer”, pero en español la expresión puede sonar de otra manera. Ese tipo de dobles sentidos son muy divertidos cuando aprendes una lengua.
Ciudad Real y la capacidad de adaptarse
Voces Hispanas: ¿Cómo fue tu llegada a Ciudad Real? ¿Te sorprendieron los modismos manchegos?
Mohamed: No conocía Ciudad Real. Pero creo que nosotros no solemos fijarnos tanto en ese tipo de detalles porque estamos acostumbrados a encontrarnos con cosas nuevas. Para nosotros, lo nuevo casi deja de ser nuevo. Somos muy adaptables; ha sido también una manera de sobrevivir.
Voces Hispanas: ¿Esa sensación de estar entre dos lugares también la viven tus hijos?
Mohamed: Sí, y de otra forma. Ellos han nacido y estudiado aquí, hablan mucho más español y cuando van al Sáhara se nota que son distintos. A veces no dominan bien el árabe o el hassanía y su comportamiento también es diferente. Allí pueden verlos como alguien que ya no es exactamente de allí. Creo que esto lo comparten muchas familias migrantes: después de años fuera, cuando vuelves a tu país, tú has cambiado y también ha cambiado la manera en que los demás te ven.
Que los hijos no pierdan el hassanía
Voces Hispanas: ¿Te preocupa que el hassanía se diluya frente a la fuerza del castellano en las nuevas generaciones?
Mohamed: Sí. El español lo tienen muy presente, por eso nosotros intentamos reforzar el árabe y el hassanía. Aquí reciben clases y procuramos que vuelvan al Sáhara siempre que sea posible, incluso en verano, aunque las temperaturas sean muy duras. Queremos que mantengan el idioma, la cultura y las raíces.
Mohamed: En nuestro caso, mis hijos pequeños van a pasar incluso un curso completo allí para adquirir una base más sólida del idioma y de la cultura. Para nosotros es importante que no pierdan esa conexión.
El español como parte de la identidad saharaui
Voces Hispanas: ¿Qué lugar ocupa hoy el español en la identidad saharaui?
Mohamed: Ocupa un lugar muy importante. Nosotros sentimos una cercanía cultural muy fuerte con el mundo hispanohablante, especialmente con América Latina. Durante décadas se ha intentado conservar el español enviando estudiantes a Cuba, Venezuela, España y otros países. Hay escritores saharauis que escriben en español y una tradición cultural que lo mantiene vivo.
Mohamed: El español se ha convertido también en un elemento de identidad. Para muchos saharauis no es simplemente una lengua extranjera: forma parte de nuestra historia y de la forma en que contamos quiénes somos.
Solidaridad: una casa que no se cierra
Voces Hispanas: En tu trabajo diario, ¿cómo influye tu propia experiencia migratoria en la manera de ayudar a otras personas?
Mohamed: Yo también he sido alguien que llega de fuera y sé las dificultades que se pueden vivir. Si puedo evitar que otra persona pase por algunas de esas dificultades, para mí es una responsabilidad.
Mohamed: Además, la solidaridad es un elemento muy profundo de la identidad saharaui. Vivir durante décadas en los campamentos de refugiados, en condiciones muy difíciles, habría sido imposible sin esa red de apoyo. En nuestra cultura una persona puede llegar a tu casa incluso sin avisar: entra, saluda, toma té, come, cena y, si hace falta, duerme allí. Las casas están abiertas.
Mohamed: Y eso también lo llevamos a España. Si alguien te llama y te dice: “Tengo un amigo que va a Ciudad Real y no tiene dónde quedarse”, lo normal es intentar alojarlo, aunque no lo conozcas. Ese sentido de comunidad nos ha ayudado a resistir y forma parte de nuestra idiosincrasia.
Una voz propia para contar el Sáhara
Voces Hispanas: ¿Sientes que el español es uno de los grandes altavoces de la memoria y de las reivindicaciones saharauis?
Mohamed: Sí. Hay saharauis formados en España que hoy pueden explicar directamente nuestra realidad al mundo hispanohablante, sin intermediarios. Pienso, por ejemplo, en voces como Taleb Alisalem o Tesh Sidi. Son ejemplos de una generación que domina el idioma, conoce la sociedad española y puede comunicar la realidad saharaui desde su propia experiencia.
Pensar y tomar notas en español
Voces Hispanas: Después de tantos años, ¿hasta qué punto el español forma parte de tu pensamiento cotidiano?
Mohamed: Para mí es esencial. Si estoy en una conferencia o en una charla en árabe, muchas veces tomo las notas en español. El español ya forma parte de mi manera de pensar. A veces incluso buscas primero una palabra en español para después encontrar cómo decirla en árabe.
Voces Hispanas: ¿Y cómo se vive la diversidad interna del árabe?
Mohamed: En los países árabes cada lugar tiene sus dialectos. El árabe clásico es la lengua común formal, pero en la vida diaria mucha gente habla su variedad local. En el norte de África, además, conviven otras lenguas, como el amazigh, y en países como Argelia o Marruecos también existe una influencia fuerte del francés. En nuestro caso, el hassanía tiene una base árabe muy fuerte y también ha recibido influencias de otras lenguas, entre ellas el español.
«El español me abrió la puerta para trabajar y vivir aquí»
Voces Hispanas: En Voces Hispanas entendemos el español como un punto de encuentro entre muchas identidades. ¿Qué significa para ti pensar, soñar y trabajar en español siendo saharaui?
Mohamed: Creo que, si no fuera por el español, mi vida habría sido distinta. El español me abrió la puerta para trabajar y para vivir en España. Pero, además, nosotros siempre lo hemos considerado un idioma natural, cercano, nuestro. Para mí es parte de nuestras raíces.
¿Qué significa la hispanidad?
Voces Hispanas: Si tuvieras que definir la hispanidad desde tu experiencia, ¿qué dirías?
Mohamed: Para nosotros forma parte de la cultura y de la identidad. Está España, pero también está América Latina. De hecho, muchos saharauis sentimos una cercanía muy fuerte con América Latina, incluso en la forma de ser y de entender el mundo.
Mohamed: Cuba, México y Venezuela son países especialmente cercanos para nosotros. Después podría venir Colombia. Hay una relación emocional, cultural e histórica muy fuerte con ese espacio hispanohablante.
La nacionalidad española y una deuda histórica
Voces Hispanas: En estos días se ha hablado mucho de la proposición para facilitar el acceso a la nacionalidad española a saharauis nacidos bajo administración española. ¿Qué significa para ti?
Mohamed: Nunca es tarde cuando la dicha es buena. Para mí es parte de la reparación de una deuda histórica de España con los saharauis. Es un paso importante, pero desde mi punto de vista no resuelve todo. La aspiración política del pueblo saharaui va más allá de la nacionalidad y está ligada al futuro del Sáhara Occidental.
Mohamed: Muchas familias conservan documentación española: partidas de nacimiento, documentos de identidad y otros papeles de aquella época. En 1975, España firmó los Acuerdos de Madrid con Marruecos y Mauritania y comenzó su retirada del Sáhara. Creo que hoy puede desempeñar un papel importante en la búsqueda de una solución. Esa relación histórica sigue estando muy presente en nuestra memoria.
La conversación con Mohamed deja una idea que atraviesa toda su historia: una lengua puede ser mucho más que una herramienta para comunicarse. Puede ser memoria, oportunidad, refugio, puente y también una forma de pertenencia. En su caso, el español convive con el hassanía, con el desierto, con América Latina, con Ciudad Real y con una identidad que ha aprendido a construirse mientras se mueve. Quizá por eso su frase final resume toda la entrevista: «El español es parte de nuestras raíces».
Nota de edición (28 de septiembre de 2026): la Proposición de Ley sobre concesión de nacionalidad española a las y los saharauis nacidos bajo la administración española fue aprobada por el Congreso de los Diputados el 10 de septiembre de 2026 y remitida al Senado para continuar su tramitación. Por tanto, en esta edición no se presenta como una ley ya en vigor.