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Lohana, de Nicaragua a Ciudad Real, “mi segundo hogar”

Lohana, de Nicaragua a Ciudad Real, “mi segundo hogar”

Hay lugares a los que pertenecemos porque nacimos en ellos. Y hay otros que, casi sin darnos cuenta, se van haciendo nuestros con el tiempo.

Para Lohana Medina, el primero está en Nicaragua, en El Viejo, Chinandega. El segundo está en Ciudad Real.

Llegó a España buscando mejores oportunidades. En el camino hubo una despedida difícil, dinero prestado, semanas sin encontrar empleo y la incertidumbre de depender de unos documentos mientras la vida seguía avanzando.

Hoy su historia se escribe también detrás de la puerta de Cactus, el negocio que comparte con una socia venezolana. Allí se encuentran palabras, recuerdos y sabores de Nicaragua, Venezuela y España.

Cuando le pedimos que defina Ciudad Real, no necesita una explicación larga:

«Mi segundo hogar».

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De Nicaragua a Ciudad Real: buscar una oportunidad

Cuando le proponemos comenzar su historia con una imagen de Nicaragua, Lohana no elige un monumento ni un paisaje.

Elige una tarde en familia.

En sus recuerdos siguen presentes su madre, su abuela y la sopa de gallina de los fines de semana. También una manera de entender la vida que, asegura, no ha cambiado: trabajar, tener metas y luchar por sus sueños.

La decisión de emigrar apareció vinculada precisamente a eso: encontrar una oportunidad.

Pero salir de un país no significa únicamente llegar a otro.

¿Qué recuerdas de tu llegada a España?

«Cuando bajé del avión en Madrid me puse a llorar porque pensé: “No sé cuándo voy a volver a ver a mi familia”.»

La distancia ya era real.

Para Lohana, emigrar continúa siendo una palabra fuerte porque detrás de ella existen circunstancias que desde fuera no siempre se ven.

En su caso, la falta de oportunidades laborales fue una de las razones para marcharse de Nicaragua y comenzar una nueva vida en España.

Cuando la vida no puede esperar a los papeles

En Ciudad Real encontró apoyo en su familia y, posteriormente, en una familia para la que trabajó como interna durante aproximadamente un año y medio.

Recuerda especialmente que nunca la hicieron sentir menos y que la integraban en reuniones y celebraciones familiares.

Pero junto a esa experiencia también había otra realidad.

Lohana había llegado a España con dinero prestado y con intereses.

Pasó aproximadamente un mes y medio sin conseguir trabajo.

Acudía a entrevistas, pero su situación documental se convertía en una barrera para acceder a determinados empleos.

La deuda continuaba allí.

La vida también.

¿Puede ponerse la vida en espera mientras llegan los papeles?

Su respuesta resume buena parte de aquel momento:

«Uno viene aquí a trabajar.»

Lohana habla de la incertidumbre que puede generar la documentación y de cómo una situación administrativa puede terminar afectando directamente al empleo.

Los procedimientos administrativos tienen sus tiempos.

Las necesidades cotidianas, no siempre.

Una puerta que se abre: de buscar trabajo a emprender

Hay una palabra que aparece varias veces en la historia de Lohana: puerta.

Cuenta que durante mucho tiempo pidió a Dios que le abriera puertas.

Una de ellas apareció cuando conoció, en un trabajo anterior, a quien hoy es su socia.

Se llevaban bien. Decidieron emprender.

Y comenzó una nueva etapa en Cactus.

La mujer que había llegado buscando quién pudiera ofrecerle una oportunidad participaba ahora en la construcción de su propio negocio.

¿Qué significa abrir cada día un negocio que también es tuyo?

Lohana Medina, nicaragüense residente en Ciudad Real

«Un sueño. Y también un reto.»

El emprendimiento le ha permitido aprender, desenvolverse de otra manera y plantearse nuevas metas.

Cada jornada tiene sus dificultades, pero ahora existe algo que antes no estaba: un proyecto propio.

Nicaragua, Venezuela y España alrededor de una mesa

Su socia es venezolana. Lohana es nicaragüense.

Y buena parte de la relación entre ambas puede entenderse observando lo que ocurre dentro de la cocina.

A veces una utiliza una palabra que la otra no conoce.

Preguntan. Se explican. Se ríen.

También lo han hecho con la comida.

Porque la gastronomía puede convertirse en una manera de presentar una cultura incluso antes de explicarla.

En ese pequeño espacio de Ciudad Real pueden encontrarse así recuerdos, palabras y sabores procedentes de distintos lugares.

Sabores que también encuentran un nuevo hogar

Cuando Lohana piensa en Nicaragua aparecen las fritangas: enchiladas, tacos, tajadas, pollo asado y tortillas.

Y aparece otra vez su madre, mandándola a comprar comida aquellos días en los que en casa no querían cocinar.

Pero en sus recuerdos gastronómicos empiezan a convivir también otros sabores.

La paella le encanta.

Con el jamón necesitó una segunda oportunidad.

La primera vez que lo probó no le gustó. Tiempo después, durante unos días en el campo con familiares, volvió a probarlo acompañado de tostada y tomate.

Esta vez sí.

Tanto, que durante aquellos días quería repetir el mismo desayuno cada mañana.

Son pequeños episodios, pero quizá buena parte de la convivencia se construya precisamente ahí: probar, descubrir, incorporar y compartir.

La misma lengua, otras palabras

Nicaragua y España comparten el español.

Eso facilita muchas cosas.

Pero no significa que siempre utilicemos exactamente las mismas palabras.

Lohana recuerda algunas de sus primeras confusiones.

Escuchaba decir: «Estoy flipando».

Y pensaba: «¿Qué es flipar?»

En otra ocasión le pidieron una bayeta. Tampoco sabía qué era.

Después llegaron palabras como fregona o estropajo.

Y algo parecido sucede con su socia venezolana: una utiliza una expresión y la otra pregunta qué significa.

No siempre compartimos las mismas palabras.

Pero podemos preguntarlas.

Y quizá ahí se encuentre precisamente una de las grandes riquezas del español: una lengua compartida por millones de personas que cambia, se mezcla y adquiere nuevos matices según el lugar en el que se habla.

Una lengua. Varias voces.

¿Se puede pertenecer a dos lugares al mismo tiempo?

Cuando alguien pregunta a Lohana de dónde es, continúa respondiendo sin dudas:

«Nicaragüense. De Nicaragua.»

Su infancia, su adolescencia, su familia y una parte fundamental de quien es permanecen allí.

Pero eso no impide que Ciudad Real haya ido ocupando otro espacio.

Llegó un diciembre. Recuerda especialmente el frío.

Después llegaron el trabajo, las relaciones, el negocio y una vida cotidiana que poco a poco convirtió la ciudad en algo más que una dirección.

¿Se puede pertenecer a dos lugares al mismo tiempo?

«Sí. Creo que un pedazo está en nuestro país y otro pedazo está acá.»

No se trata necesariamente de sustituir un lugar por otro.

Tal vez pertenecer también pueda significar sumar.

Lo que muchos emigrantes no cuentan en casa

Hacia el final de la entrevista aparece una parte mucho menos visible de la experiencia migratoria.

Lo que no se cuenta.

Lo que se queda detrás de una llamada telefónica.

¿Qué te gustaría recordar dentro de diez años?

Lohana habla de poder contar algún día todo lo vivido a sus hijos y a su familia.

Y entonces dice:

«Hay muchas cosas que, como emigrantes, no contamos a nuestra familia para no preocuparla. A veces mi mamá me llama y yo le digo que estoy bien, aunque tal vez el mundo se me esté cayendo encima.»

Probablemente muchas historias de emigración puedan reconocerse dentro de esas dos palabras:

Estoy bien.

Dos palabras capaces de cruzar un océano mientras todo aquello que no queremos contar permanece de este lado de la llamada.

Ciudad Real, «mi segundo hogar»

Al terminar la conversación le pedimos a Lohana completar tres frases.

Ciudad Real para mí es… «Mi segundo hogar».

La hispanidad para mí es… «Cultura, lengua y tradición».

Mi voz cuenta porque… «Porque a través de mi voz puedo expresar mi opinión, mi experiencia, lo que pienso y lo que siento».

Quizá esas tres respuestas permitan entender mejor toda su historia.

Lohana sigue siendo aquella mujer de El Viejo, Chinandega, que recuerda las comidas de su madre y de su abuela y que ahora echa de menos una playa que antes tenía cerca.

Pero también es la mujer que llegó a Madrid y lloró.

La que buscó trabajo.

La que vivió la incertidumbre de los documentos.

La que encontró personas que le abrieron sus puertas.

La que conoció una socia venezolana y descubrió palabras que nunca había escuchado.

La que incorporó nuevos sabores.

Y la que hoy participa cada día en la apertura de un negocio en Ciudad Real.

Su historia no obliga a elegir entre Nicaragua y España. Al contrario.

Nos recuerda que construir un nuevo hogar no significa abandonar el anterior.

Puede significar hacer espacio para otro.

Y por eso, cuando Lohana dice «mi segundo hogar», quizá la palabra más importante no sea hogar.

Quizá sea segundo.

Porque el primero continúa existiendo.


Tu voz también cuenta

Voces Hispanas quiere descubrir las historias, recuerdos, palabras y experiencias de las personas que forman parte de Ciudad Real.

Porque una ciudad no está hecha solamente de calles y edificios.

También está hecha de quienes la viven.

¿Crees que podemos pertenecer a dos lugares al mismo tiempo?

Cuéntanos tu experiencia en los comentarios.

Voces Hispanas
Una lengua, varias voces y una ciudad.